Una experiencia en el Chad, como jesuita y como médico

Antiguo alumno del colegio de los jesuitas en Madrid, Carlos Gómez-Vírseda empezó a estudiar medicina, pero en ocasiones los planes de Dios son otros – o no-. El caso es que Charli, como lo llaman sus amigos, entró en la Compañía de Jesús hace diez años y después de terminar la carrera, fue destinado dos años al Chad, como jesuita y como médico. Dos vocaciones en una. Respuesta a una llamada.

Los seis años de estudios médicos no fueron suficientes para afrontar la realidad de un país donde la gente vive con apenas medios e inmersos en otra cultura. Al final no fueron sus conocimientos los que hicieron valiosa su experiencia en Chad, sin el profundo deseo de crear lazos y vivir el encuentro entre iguales, con otros jesuitas o con los jóvenes que querían formarse como enfermeros. La convivencia jugando juntos un partido de fútbol o tocando la guitarra en el coro parroquial fueron nuevas oportunidades para dejar de ser el hombre blanco y entender lo que significa la fraternidad y el estar simplemente acompañando.

Ciertamente Charli aprendió medicina atendiendo a sus enfermos con patologías desconocidas, ayudó a muchos, pero sobre todo creció en humanidad.

Desde aquí, desde España podemos estar cerca de esas realidades sufrientes, pero es claro que no es necesario ir a África para vivir con sentido la propia vida y estar alegres en la entrega cotidiana y humilde. Charli tenía como referente claro a Jesús y su mensaje. Aquí podemos hacer lo mismo.